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lunes, 24 de abril de 2017

Elogio a Esperanza Aguirre


Conocida la dimisión de Esperanza Aguirre como concejal y portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid es muy buena ocasión para valorar lo que su figura ha representado para el centro derecha español en su etapa de mayor éxito.

Persona honrada a carta cabal, coherente en su vida con los principios por los que se rige, ha dimitido no una sino tres veces de sus responsabilidades políticas, unos tanto y otros tan poco.

La primera fue como presidenta de la CCAA de Madrid, lo hizo por voluntad propia y cedió el testigo a Ignacio González. La segunda, de la presidencia del PP en  la Comunidad de Madrid, abochornada por la detención y presuntos delitos cometidos por quien fuera uno de sus hombres de confianza Francisco Granados.

Y está última, conmocionada en parecidas circunstancias por los hechos que se le imputan a quien fuera su sucesor al frente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González.

Repito,” unos tanto y otros tan poco”, ha dimitido tres veces y eso le honra, aunque en este último caso no entienda muy bien la razón que le ha llevado a ello y si la entrega de su cabeza, como la de Juan Bautista, servirá para algo.

Más bien creo que no, que simplemente servirá para abrir el apetito de aquellos que al olor de la sangre siempre proclaman su insuficiencia y reclaman más sangre ajena, que nunca propia, pues de siempre se constituyen en medida de todas las cosas.

 Y lo que de verdad lamentaría es la satisfacción de aquellos, dentro del PP, que en la utilización de un caso que en nada le afecta a Esperanza Aguirre han buscado su eliminación política y con ello la laminación de toda oposición interna o el cobro de viejas deudas.

Mas como esto no dejan de ser elucubraciones, quede lo que quiero que quede, el reconocimiento de una servidora pública ejemplar que ha mejorado en mucho la vida de los madrileños y españoles, pese a quien pese de los que están decididos a echar por tierra su legado.

Y lo dicho, ella ha dimitido tras veces, y eso en la democracia española no se conoce ni en Ciudadanos, PSOE ni Podemos y que decir del PP.

 

 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Esperanza Aguirre y sus seis medidas contra la corrupción, su natural desconcierto la hacen pasarse de frenada (y II)


Mi otra objeción es a la medida que Esperanza Aguirre incluye en un artículo en ABC http://www.abc.es/espana/20141103/abci-aguirre-medidas-corrupcion-201411031034.html y que formula de la siguiente manera

“Cambiar la Ley de Contratos del Estado. La misma existencia en esta ley de un llamado «procedimiento negociado sin publicidad» ya indica la posibilidad de contratar sin la necesaria transparencia. Además se hace imprescindible eliminar la discrecionalidad en las adjudicaciones, haciendo obligatoria la elección de la oferta más ventajosa en el precio.”

Ante ello y tras haber pasado por la Administración municipal en un organismo de amplia capacidad de contratación tengo que decir que su análisis no está fino y se ve que ella no ha tenido nunca que impulsar un procedimiento de contratación, si lo hubiera hecho tendría una visión más práctica y pegada al terreno.

Lo primero es que si bien el nombre del procedimiento “negociado sin publicidad” no es muy afortunado eso no es culpa de nadie más que del que así lo bautizo.

Lo segundo es que es un procedimiento muy utilizado en todas las administraciones y en el 99,99% de los casos no da problema ninguno. Es un tipo de contrato para servicios de menos de 60.000 euros u obras de  menos de 120.000. Su función es aligerar la tramitación administrativa para servicios y obras de poca entidad que si no se eternizarían.

Y aunque rece que “no tiene publicidad” no es exacto pues se tiene que invitar a tres empresas para que presenten ofertas y se elige la más barata, además tras su adjudicación se publica la misma y el expediente está a disposición de quien lo quiera ver e impugnar.

Pero si es cierto que tiene una mejora que es fácilmente aplicable y reforzaría su transparencia. Se refiere a como elegir las tres empresas a las que, como mínimo, se ha de invitar.

El dejar que las tres sean elegidas por la misma persona u organismo deja siempre abierta la puerta a la concertación. La “concertación” supone que las tres empresas invitadas , vinculadas o no,  de manera previa o durante el plazo de presentación de ofertas se pongan  de acuerdo en quién y por qué precio se va a adjudicar el contrato. Ello limita la competencia a la vez que encarece el contrato para la Administración pues elimina la  “concurrencia competitiva”.

Es por ello que lo hay que hacer  para mejorar este tipo, necesario, de contratos es que al menos una de las tres o más empresas a las que se inviten se elija por una persona u organismo distinto al que convoca el contrato y que se mantenga la máxima confidencialidad acerca de la identidad de las invitadas.

Con ello se impediría cualquier posibilidad de “concertación” y necesariamente las ofertas serían competitivas con el ahorro consiguiente para la Administración en el precio final para la obra o servicio.

La opción, elegida por el Ayuntamiento de Sevilla, de  abrir la posibilidad de presentarse a cualquier empresa mediante su convocatoria a través de la web de la administración correspondiente presenta el gran inconveniente del ilimitado número de empresas que se presentan para cada concurso, que aunque puede ser de hasta 60.000 o 120.000 euros  la mayoría de las veces no alcanza ni de lejos ese precio.

Y es que ese gran número de empresas que se presentan exige un excesivo trabajo burocrático de revisión de documentación administrativa, técnica y económica con sus correspondientes requerimientos para que amplíen documentación omitida o parcial lo que provoca retrasos tales en la tramitación de estos contratos que anulan las ventajas de la simplificación de su procedimiento y retrasan sine die la ejecución de la obra y servicio que atiende a un interés público y de servicio al ciudadano.

Por lo demás nada que objetar.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Esperanza Aguirre y sus seis medidas contra la corrupción, su natural desconcierto la hacen pasarse de frenada.(I)


Siempre se ha dicho que no hay que legislar “en caliente”. Así se argumentaba cuando a nuestro alrededor veíamos caer cientos de españoles inocentes a manos de los asesinos de ETA, el GRAPO y otros grupos terroristas y los ciudadanos clamábamos por la pena de muerte contra aquellos que aprovechándose de una amnistía y de un Estado democrático movían el árbol para que otros recogieran las nueces.

Y estaba bien que nos pidieran templanza aunque la más de las veces detrás de la prudencia se escondía la tibieza.

Pues bien, y sin ser en ningún caso comparable el drama de una vida humana segada por unos asesinos con el vaciamiento del erario por la corrupción, hoy estamos sufriendo un “calentón” a cuenta de los casos de cargos públicos imputados. Y claro, el mayor calentón lo están sufriendo aquellos que los designaron o promovieron para ocupar cargos públicos.

Lo primero que sostengo es que quienes los eligieron o promovieron si no tuvieron indicio o noticia de la desviación de su conducta por nada tienen que pedir perdón.

Las administraciones, la policía y los juzgados tienen medios de control interno y externo que a la vista de los resultados van  funcionando, lo que es más complicado es pedir a estos mismos controles el poder de la adivinación y que se anticipen siquiera a la intención de delinquir que pueda anidar en el corazón de cada persona. Eso solo ocurría en la película de Tom Cruise “Minority Report” que aconsejo a quien no la haya visto por la conclusión y desenlace.

Pues bien Esperanza Aguirre, militante del PP a la que admiro se haya sumida en la desazón porque aparte de sentirse presuntamente traicionada por colaboradores  cercanos le afecta, aparte de su natural e innato sentido de la justicia, a sus legitimas aspiraciones de encabezar la candidatura a la Alcaldía de Madrid por el PP, para lo que creo es la mejor candidata. Y ante ello ha sacado pecho con el “Y yo más” o si lo quieren de otra forma “si quieres arroz dos tazas”.

Y este “y yo más” lo ha plasmado en un artículo en ABC http://www.abc.es/espana/20141103/abci-aguirre-medidas-corrupcion-201411031034.html

al que tengo que hacerle dos matizaciones pues creo que se ha “pasado de frenada” .

La primera es cuando se refiere a la medida anticorrupción de

“Facilitar a los jueces la posibilidad de ordenar la prisión inmediata no eludible con fianza para políticos y cargos públicos imputados por delitos de corrupción, es decir, por delitos que hayan supuesto su enriquecimiento personal y fraudulento a costa del dinero público. Estoy convencida de que, si todos los imputados por el caso Gürtel -que lleva casi seis años instruyéndose- estuvieran en la cárcel desde que fueron descubiertos, eso habría sido un importante factor disuasorio para evitar que otros cayeran en cualquier tentación.”

Mi reflexión es la siguiente, si hay un valor que un liberal defiende sobre todos es el de la libertad, libertad de expresión, movimiento y la de verse privado de ella sin causa justa, una condena.

La privación “preventiva” de libertad es una medida muy fuerte que nuestro ordenamiento jurídico tasa en unos supuestos muy concretos y me parece un exceso hacerla indefinida por razón de una instrucción judicial que no concluye y que puede suponer, en el ejemplo del Gurtel, que de aplicarse  tal como Esperanza Aguirre pide, desde el inicio de la investigación-y va para seis años- los detenidos y no juzgados en algunos casos llevarían en la cárcel más tiempo del máximo por el que podrían ser condenados.

Por eso mesura y pensar dos veces las cosas antes de proponerlas, escribirlas, pues el infierno está lleno de ocurrencias y buenas intenciones.

Otra objeción a la misma propuesta es relativa a la vinculación entre el encarcelamiento y la imputación. Algún jurista debiera aleccionar e informar a la Sra. Aguirre que en España, a diferencia de en Francia, no existe la figura del “testigo cualificado” al que sin existir indicios de comisión de delito le cita el juez por si de su declaración se dedujera comisión de un ilícito y por ello exige, a diferencia del testigo “simple” que acuda al juzgado acompañado de un abogado para que no haya indefensión.

Pues bien por mor de que a Garzón le anularon una imputación porque al que cito lo hizo en calidad de testigo y aunque de su declaración se dedujo la comisión de un delito tal imputación se anulo por “indefensión” al no ir acompañado de letrado, desde entonces los jueces meten a todos, con indicios o sin ellos, en el mismo saco para que no les anulen el procedimiento. Por eso y mientras no se instaura la figura del “testigo cualificado” cuidado con el valor que le damos a la imputación.

Pero es más, ¿y si tras la instrucción judicial, incluso tras el proceso se declara inocente de todo cargo a un imputado que según esta doctrina habría estado en prisión?

 ¡Ah se siente¡ que dirían en el patio del colegio. Pensemos en los daños irreparables a la libertad, el buen nombre e imagen de la persona antes de proponer medidas más propias de Robespierre y su Directorio en la Francia del terror que de un Estado democrático y de Derecho  como es España.

Lamentablemente en un Estado tan garantista para los derechos del presunto delincuente no se han arbitrado iguales mecanismos para defender a la víctima del delito o de la acción equivocada de la administración de justicia o policial, una asignatura que debiéramos superar cuanto antes pues por delante se han llevado nombre y haciendas sin a posteriori reparar ni la una ni la otra