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lunes, 11 de septiembre de 2017

¡Vivan las cadenas! los separatistas abdican de su cualidad de ciudadanos


Más que la caída de Barcelona a manos de Felipe V en 1714 parece que el 11 de Septiembre en la celebración de la Diada los separatistas catalanes rememoraran la jornada más bochornosa de la historia de España.

Tan nefasto hecho aconteció en 1814 cuando, a la vuelta del destierro de Fernando VII “el rey felón”, una parte del pueblo español, abjurando de su condición de ciudadanos ganada con la Constitución de Cádiz  volvió a reclamar la de súbditos, cuando desenganchando los caballos de su carroza y sustituyéndolos, tiraron de ella.

Nace la similitud de ambos actos en que la asunción y exaltación que se pretende hacer en la Diada de la consulta ilegal del 1 de Octubre supone la derogación del concepto nación como plasmación de la soberanía popular frente al absolutismo de un gobierno o una asamblea autonómica que incumplen las normas que se autoimpusieron como límite a la tiranía, la existencia de un patrimonio nacional frente a la rapiña de los Pujol y el 3%, etc.

Al igual que un ataque a la nación española, los separatistas que hoy se manifiesten en la Diada pareciera que se encaminan satisfechos hacia la desaparición del liberalismo político, única doctrina política que tiene como eje la libertad y autonomía de ciudadano, las libertades civiles, económicas y se opone al absolutismo, al despotismo ilustrado, a los sistemas autoritarios, dictatoriales y totalitarios.

Y oponerse al liberalismo político es tanto como hacerlo al Estado de derecho, a la democracia participativa y división de poderes que con sus salvaguardas impide que cualquiera de ellos derive en autoritario y someta al ciudadano español a la condición de súbdito.

Pues bien pese a que resulte duro admitirlo hoy se puede afirmar que un número significativo, puede que no mayoritario, pero si numeroso, de españoles que viven en Cataluña están predispuestos, como lo hicieron sus antepasados en aquella funesta ocasión de 1814,  a adjurar de los derechos que les son propios por su condición de personas libres y entregarse en manos del “príncipe” que de manera arbitraria y sin más límite que su capricho, el cumplimiento de su voluntad, gobernará sobre sus vidas y haciendas sin ley alguna ante la que someterse pues no estar sujeto al imperio de una ley que sea conocida por todos, aplicable a todos en condiciones de igualdad y que encuentre en un cuerpo de jueces independientes su salvaguarda.

Y aunque sea doloroso reconocerlo no cabe negar esta posibilidad cuando habiendo sido testigos del autoritarismo, el despotismo y el desprecio en el cumplimiento de las leyes, de la falta de respeto a las minorías que han ejercido la presidenta de la asamblea autonómica catalana, el gobierno autonómico y los grupos políticos que lo sustentan, miles de catalanes se han echado a la calle a apoyar con su presencia tal desatino sin siquiera tener la decencia de echar de la cabecera de la manifestación al portavoz de los asesinos de ciudadanos como ellos que vieron truncadas sus vidas en atentados como el de Hipercor o asesinatos selectivos como el de Ernest Lluch.

 

lunes, 14 de diciembre de 2015

Si el enemigo llega a nuestras puertas habremos perdido


Es preocupante que solo el 31% de los españoles apoye una intervención armada en Siria e Irak contra los terroristas islámicos.

Décadas de buenismo y “buen rollito” han anestesiado  a los españoles  ante sus responsabilidades y las obligaciones que acompañan a los derechos y compromisos con nuestros aliados, con quienes compartimos valores y principios.

Se ha hecho creer a una gran mayoría que permanecer ajenos a la defensa de los intereses occidentales nos hará inmunes a la amenaza terrorista cuando es totalmente lo contrario. Dicho entreguismo es la declaración más evidente de nuestra derrota.

Una derrota que una mayoría de españoles  parecen admitir sin ni siquiera haber intentado combatir.  

Este estado de “minoría de edad inducido” a que han llevado a gran parte de los españoles les impide ver que cuando esos terroristas lleguen a nuestras fronteras, las traspasen nos encontraremos solos y de un plumazo nos veremos privados del Estado de libertad y bienestar del que disfrutamos pero que parece que no nos merecemos al negarnos a luchar por su mantenimiento.

¿Cómo podremos pedir a los demás que acudan en nuestro auxilio cuando hoy nos negamos a acudir en el suyo mientras vemos derramar la sangre de sus hijos por quien nos amenazan a todos?

Dicen que no se nos puede pedir ser héroes, al menos debiera podérsenos exigir ser ciudadanos, titulares de deberes y derechos, y no súbditos. El pan y circo nos ha atontado e impide cualquier pensamiento crítico que supere el límite de nuestras narices.

En este tiempo faltan líderes que nos sacudan esta vagancia mental y nos enfrenten a nuestras responsabilidades, que veamos más allá de los índices de la última encuesta para pensar en el mañana de las nuevas generaciones y el mundo que queremos  para nosotros y ellas.

Sobra complacencia y falta compromiso para defender lo que tanto hemos tardado en construir ante la nueva barbarie que nos quiere someter a sus dictados y anular la libertad que tanta sangre y sacrificio ha costado instaurar. Es tiempo de ciudadanos que asumamos  nuestro papel, pleno de derechos pero también de deberes y si lo conseguimos seremos héroes, sino nos tacharan de cobardes y nos lo habremos ganado a pulso.