lunes, 11 de diciembre de 2017

A la reforma fiscal de Trump le falta la “trampa noruega” para desenmascarar a los “millonarios progres”


 
Al presidente de Estados Unidos, aunque tenga buenas ideas le puede lo impulsivo y su prepotencia le hace no mirar a los demás para aprender cómo tratar a los progres demagogos.

Y es que aún antes de estar aprobada y de conocerse sus términos exactos (existen diferencias entre los textos aprobados por el Senado y el Congreso de los Estados Unidos) ya se han alzado voces en contra de la reforma fiscal de Trump y curiosamente estas críticas han venido de un grupo selecto de 400 millonarios que lejos de pedir pagar menos solicitan pagar más.

Entre estos supuestos filántropos se encuentra el especulador financiero George Soros que no tuvo empacho en hundir la Libra esterlina británica en 1992 y ganar en aquella ocasión mil millones de dólares.

Sorprende entonces que frente a estos actos que retratan al personaje, ahora denuncie que esta reforma fiscal porque aumentará la desigualdad en Estados Unidos, afectará a servicios básicos y pida que por el contrario el Gobierno les suba los impuestos.

El discurso es directo, sencillo, efectivo y como digo Trump no ha tenido la cintura que si ha tenido el Gobierno de Noruega para desenmascarar a los progres de boquilla.

Y es que el gobierno noruego al plantear su reforma fiscal que bajó significativamente los impuestos de esa nación escandinava se encontró con similares críticas por parte de los socialistas. Frente a ello el gobierno noruego puso en marcha la posibilidad de que aquellos que consideraran insuficiente la cantidad de impuestos que pagaban que lo corrigieran mediante el pago voluntaria de una cantidad mayor.

El que en el primer mes de aplicación de la medida solo se hayan hecho ingresos por apenas 1.000€ retrata mucho a aquellos que predican para los demás y dan poco o ningún trigo.

Trump está todavía a tiempo de poner en evidencia a estos multimillonarios para ponerlos frente al espejo de su hipocresía o por el contrario facilitarles lo que voluntariamente predican para los demás.

Con eso reforzaría lo que no deja de ser una inmejorable noticia para la mayoría de los estadounidenses como es el duplicar el mínimo exento para las familias, de 12.000 a 24.000 dólares, y para las empresas bajando del 35% al 20% el tipo impositivo lo que redundara en las mejoras de las condiciones de sus trabajadores y la retribución a aquellos que invierten en ellas

Y es que no hay mayor desigualdad que la que se produce por las decisiones arbitrarias de los gobiernos de turno o someter a los intereses de los grupos de presión la redistribución de las rentas, tanto más cuanto es la sufrida clase media la que soporta, en Estados Unidos y España, la mayor parte del esfuerzo fiscal porque somos aquellos que estamos más controlados y tenemos menos herramientas para eludir el pago de los impuestos.

Por ello ante el ejemplo de Estados Unidos solo hay que pedir que el ejemplo cunda y nos llegue algún día a nosotros.
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