jueves, 18 de mayo de 2017

Si la envidia fuera tiña...

Ocurre en multitud de ocasiones que aquel que nunca ha creado nada, que en su vida ha tenido que levantar la cancela de un negocio o madrugar para acudir religiosamente a su trabajo es el mismo que encuentra siempre tiempo para criticar a los que por su esfuerzo sonríe la fortuna.

En su ánimo no anida la sana envidia del que empujado por ese ejemplo encuentra fuerzas para intentarlo él también y poner en marcha un negocio, una carrera profesional o un honrado oficio, no, muy al contrario, en él nace el rencor, el deseo de revancha contra alguien o contra algo por el simple hecho de destacar y en ese deseo de revancha no pondera el esfuerzo que el otro ha puesto en su tareas, los sacrificios que ha debido de asumir y aquellos placeres inmediatos a los que ha tenido que renunciar para alcanzar su meta.

Son estos los mismos que sospechan siempre de las nobles intenciones, de los gestos generosos y de las iniciativas filantrópicas y ante todas ellas siempre saca a relucir lo mismo “algo querrá sacar”, como si la recompensa al esfuerzo y al capital invertido, asumiendo el riesgo de su perdida, no mereciera más recompensa que el desprecio.

Esto y no otra cosa es lo que ha pasado con la iniciativa cultural de Antonio Banderas para Málaga. Recuperar un inmueble ruinoso para el Ayuntamiento y la ciudad ¿les suena a la Gavidia?, poner 13 millones de euros para rehabilitarlo y llenarlo de contenidos y explotarlo de manera que no solo no cueste un euro al presupuesto municipal, sino que suponga una fuente de ingresos para el Ayuntamiento y la ciudad, sin contar con la repercusión internacional que conseguiría la ciudad de Málaga por venir avalado por Antonio Banderas.

Pues nada de esto parece parecerle bien a quienes están acostumbrados a que todas sus ocurrencias las pague el presupuesto, los ciudadanos con sus impuestos, a quienes no se les conoce una iniciativa en positivo a favor de las fuentes de desarrollo de su ciudad, provincia y nación, quienes gastan a manos llenas de lo que no es suyo y en su boca no hay una palabra que no sea como el riau riau pamplonica de “todos queremos más” a costa de hacer menos.

Es por ello que desde aquí proclamo mi envidia sana por personas como Antonio Banderas que tratan de devolver a su ciudad y sus vecinos parte de su cariño, de su añoranza por los buenos ratos vividos y por el amor a sus calles y costumbres con actos de generosidad que mejoren el día a día de sus vecinos, y mi más profunda envidia de que eso no se dé en la ciudad de Sevilla.
 


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